Tabaco entre los pobladores amerindios de la región Tacarigüense
El tabaco probablemente formó parte de las tecnologías, los conocimientos sobre las plantas y las prácticas rituales de los pobladores amerindios de la región tacarigüense. Las pipas cerámicas recuperadas en la cuenca del lago de Valencia, antigua laguna de Tacarigua (centro-norte de Venezuela), constituyen una de las evidencias materiales más relevantes para estudiar esa relación. Su presencia en enterramientos, junto a fogones y en depósitos arqueológicos de las islas lacustres e insulares, permite examinar el acto de fumar dentro de actividades que vinculaban la vida cotidiana, el tratamiento de la enfermedad y las relaciones con los muertos.
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| Pipa cerámica del sitio La Culebra (edo. Carabobo). Colección de G. Montiel. Fotografía: Leonardo Páez Rodríguez, 2004. |
Reconstruir la historia amerindia del tabaco en la región Tacarigüense exige distinguir tres registros: 1)
los objetos y sus contextos de hallazgo; 2) los testimonios históricos; y 3)
los estudios etnográficos de otros pueblos sudamericanos, aunque sus
descripciones no pueden trasladarse automáticamente a las sociedades que
habitaron Tacarigua. La documentación permite sostener la importancia del
consumo de tabaco y proponer funciones rituales para parte de sus instrumentos,
aunque deja abiertas preguntas sobre su antigüedad local, las plantas efectivamente
consumidas y la identidad de sus usuarios. La perspectiva comparativa en el compilatorio de
Bollwerk y Tushingham (2016, pp. 1–3) refuerza este enfoque. Y es que las plantas fumadas, los instrumentos y los significados del consumo
variaron entre comunidades y a lo largo del tiempo. La pipa, de arcilla u otro material, no representa una
institución ritual idéntica en toda América, ni sus residuos deben atribuirse
automáticamente al tabaco. Para Tacarigua, este planteamiento invita a
investigar conjuntamente la sustancia, el objeto y la situación social de uso,
conservando las particularidades de cada asentamiento.
Origen americano y difusión hacia la cuenca
El tabaco pertenece al género Nicotiana, de la familia Solanaceae. Entre las especies cultivadas por los pueblos americanos destacan N. tabacum y N. rustica. Wilbert (1976, pp. 1–2) sitúa el probable origen de la primera en los valles orientales de los Andes bolivianos y relaciona su difusión con sociedades agricultoras de las tierras bajas tropicales. La revisión botánica de Pickersgill (2007, pp. 927, 929) también reconoce la región andina como área de origen de los tabacos cultivados. Por tanto, deben diferenciarse el origen de la planta, su domesticación y su incorporación a los sistemas de cultivo y consumo de la región Tacarigüense. Aunque Ydler (2012, p. 83) propuso un centro de domesticación en el norte de Suramérica y relacionó la presencia del tabaco en la cuenca del lago de Valencia con su propagación regional, la documentación examinada no demuestra que la laguna de Tacarigua haya sido un centro de domesticación independiente. Tampoco proporciona una secuencia arqueobotánica que permita fechar la llegada de semillas, el inicio del cultivo o la adopción de una especie determinada. La recuperación regional de pipas de arcilla no basta por sí sola para establecer el origen y cultivo originario local de la planta.
La circulación de semillas, hojas y conocimientos sobre la preparación de la hoja de tabaco pudo acompañar los contactos entre comunidades de la costa, los valles interiores y otras áreas del norte sudamericano. Esta es una hipótesis compatible con las relaciones culturales discutidas por Derkau (2024), no una ruta de difusión del tabaco demostrada mediante hallazgos botánicos. La especificidad tacarigüense parece residir, sobre todo, en el desarrollo de una notable tradición de pipas cerámicas y en las prácticas sociales que dieron sentido a su fabricación y uso. La propuesta de la esfera de interacción valencioide aporta un marco espacial para examinar esos contactos. Antczak y Antczak (1999) articulan la cuenca del lago de Valencia, la cordillera de La Costa, el frente marítimo y las islas caribeñas dentro de una historia de intercambios, sin reducir las comunidades litorales a receptoras pasivas de influencias del interior. Tal articulación pudo hacerse efectiva antes de la emergencia valencioide en la región, de acuerdo con las evidencias disponibles (Páez, 2021). Este enfoque permite considerar la circulación de objetos y saberes rituales, pero no demuestra una ruta particular de difusión del tabaco. Tampoco la pertenencia a una serie cerámica identifica, por sí sola, una lengua o un pueblo histórico.
Pipas y problemas de cronología
Peñalver Gómez (2009, pp. 305–307) registra pipas en los niveles inferiores de diferentes sitios arqueológicos de la cuenca del lago de Valencia y las vincula con el poblamiento que distingue como el más antiguo. Esta autora (2009, p. 315) reproduce un resultado radiocarbónico de 4.200 ± 320 años AP obtenido a partir de un hueso humano de El Morro de Guacara, que presenta restos de pipas cerámicas asociados. Esta cronología permite relacionarlas con materiales del llamado período ortoiroide (4400 AP - 1930 AP). Sin embargo, tal antigüedad exige cautela. La datación corresponde a una muestra ósea, no a tabaco ni a residuos de combustión de una pipa. No debe convertirse directamente en la fecha del origen local del consumo. Su utilización requiere revisar la asociación contextual, el tratamiento de la muestra y la calibración. La antigüedad de una práctica no se determina únicamente por la edad de un material considerado como relacionado con ella.
Por ejemplo, Derkau (2024, pp. 53–60), entre otros autores, destaca la producción inicial de pipas en la cultura arqueológica barrancoide (período de confluencia proto-arawak: 1930 AP - 1080 AP), tanto en yacimientos lacustres como en contextos costeros e insulares. Advierte el primer hallazgo de una pipa de arcilla, realizado en 1884 por Adolfo Ernst. El artefacto, de estilo barrancoide, fue localizado cerca de La Victoria (al este del lago de Valencia) y enviado a Berlín. Por otro lado, las fuentes difieren sobre la continuidad de las pipas en el llamado período valencioide (1080 AP - 750 AP). Ydler (2012, pp. 86–87) distingue ejemplares barrancoides, grisáceos o negros, y valencioides, rojizos. Peñalver Gómez (2009, p. 318) señala que las pipas por ella estudiadas proceden de los horizontes antiguos y que no encontró esos artefactos en la cultura más reciente. Derkau (2024, pp. 53, 61) cuestiona igualmente la identificación de pipas propiamente valencioides y advierte que fragmentos barrancoides pudieron desplazarse al excavar enterramientos posteriores. Antczak y Antczak (2006, en Derkau, 2024, p. 193) identifican un fragmento de pipa de arcilla de origen barrancoide dentro del ajuar de una urna funeraria del estilo Valencia tardío, recuperada en 1894 en terrenos de la Hacienda Mariara.
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| Pipa cerámica de los alrededores de La Victoria (edo. Aragua), colectada en 1884. Colección del Museo Etnológico de Berlín-Dahlem. Fuente de la foto: Derkau, 2024. |
Antczak (1998, pp. 53–54) y Antczak y Antczak (1999, p. 146) plantean otra posibilidad: las pipas barrancoides presentes en contextos valencioides podrían expresar la herencia de prácticas ceremoniales y del simbolismo del humo. Esta lectura admite la apropiación o la continuidad de objetos y conocimientos; la de Derkau contempla desplazamientos de materiales antiguos. Ambas deben contrastarse con los contextos. Conviene distinguir la adscripción estilística de una pipa, la fecha de su fabricación y la del depósito donde apareció, pues esos tres datos pueden corresponder a momentos distintos.
El reestudio del sitio arqueológico La Mata de Barrios Caldera (2024, pp. 93–95, 102–103) refuerza esta precaución. La autora reconstruye la secuencia de ocupaciones y discute el componente cerámico atípico, que vincula con lo barrancoide. La coexistencia de pastas grises y acabados rojizos en la cerámica estudiada por la autora también desaconseja establecer la cronología de una pieza a partir del color de la arcilla. Este trabajo revisa el contexto del sitio; no constituye un nuevo reporte de hallazgos de pipas.
Continuidad barrancoide–valencioide y transmisión de saberes sobre el tabaco
La reconstrucción etnohistórica que hicimos en nuestro trabajo de 2021 permite examinar la emergencia valencioide como un proceso de interacción y transformación de las comunidades establecidas en la cuenca del lago de Valencia. Nuestro argumento no presupone que el predominio de una nueva comunidad de cultura implicó la desaparición de sus predecesores. Consideramos, en cambio, posibles intercambios, cohabitación, adopción de técnicas y reorganización de referentes culturales (Páez, 2021, pp. 445-446, 453-463). Las atribuciones proto-arawak (barrancoide) y proto-caribe (valencioide) utilizadas en ese modelo son propuestas interpretativas del poblamiento, cuya correspondencia con las series cerámicas debe evaluarse de manera independiente.![]() |
| Pipa cerámica del sitio La Culebra (edo. Carabobo). Colección de G. Montiel. Fotografía: Leonardo Páez, 2004. |
Entre los indicios discutidos se encuentran vestigios de posibles viviendas sobre pilotes en los niveles inferiores de los sitios arqueológicos La Mata, La Pica y Tocorón, seguidos de ocupaciones vinculadas a montículos artificiales de tierra. En ese sentido, planteamos dos escenarios: que los nuevos pobladores valencioides incorporaran técnicas constructivas locales o que se instalaran en aldeas preexistentes, compartiendo inicialmente el espacio con sus habitantes (Páez, 2021, pp. 455–457). En Los Tamarindos (península La Cabrera), la superposición de los estilos La Cabrera (barrancoide) y Valencia (valencioide), junto con noticias de cerámica y enterramientos de ambas fases en un mismo nivel de excavación, permite considerar una posible coexistencia. Esa interpretación debe contrastarse con la resolución de los registros estratigráficos y con eventuales alteraciones del depósito (Páez, 2021, pp. 457–458).
El argumento comprende también la persistencia de características cerámicas asociadas con la tradición barrancoide dentro de conjuntos tempranos valencioides. En La Mata, destaca la continuidad de ciertos tipos de alfarería gris mientras se difundían nuevos acabados y formas; en Los Tamarindos se manifiestan las relaciones entre La Cabrera Simple, La Cabrera Gris Pulimentado y La Cabrera Rojo (Páez, 2021, pp. 458–460). En conjunto, las evidencias proponen una transición gradual, con conservación y adecuación de saberes. El color, no obstante, participa en esta discusión junto con otros atributos y contextos; no opera como criterio cronológico suficiente, conforme advierte el reestudio de Barrios Caldera (2024).
Para el tabaco, el aporte más específico es la reunión de noticias de pipas en el estrato superior del sitio Los Tamarindos, atribuidas al estilo Valencia, de hornillas y boquillas en la mitad superior del terraplén del sitio La Mata y de fragmentos en diferentes niveles del sitio Tocorón. En nuestro trabajo de 2021 recogemos estos datos de estudios precedentes y los interpretamos como posibles manifestaciones de intercambio cultural y persistencia del consumo. También incorporamos el enterramiento localizado en la isla La Culebra (orilla noroccidental del lago) con una pipa gris y otra roja, siguiendo la descripción de Ydler (2012, p. 90). La coexistencia de esas piezas permite discutir la transmisión, la conservación o la reapropiación de objetos, aunque sus colores no establecen por sí solos dos fechas de fabricación (Páez, 2021, p. 460), un momento preciso de transición o la condición chamánica de la persona enterrada.
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| Pipa cerámica del sitio La Cabrera. Colección Museo de Ciencias de Caracas. Fuente de la foto: Arroyo et al., 1999. |
La comparación con Chile central añade una posibilidad pertinente: Planella et al. (2016, pp. 246–247) discuten la disminución o desaparición de pipas después del período alfarero temprano y consideran que algunas necesidades sociales pudieron satisfacerse mediante otras prácticas. El caso no explica la secuencia tacarigüense, pero permite formular una pregunta: ¿los cambios de frecuencia, forma o deposición de las pipas reflejan el abandono del tabaco, una modificación de sus usos o la adopción de otros modos de consumirlo? La hipótesis de continuidad gana precisión cuando se examinan por separado esas alternativas.
Todo ello permite suponer un relevante uso y función del tabaco. La convivencia, el intercambio y la transmisión de conocimientos ofrecen mecanismos sociales por los cuales el fumar, el soplar humo, las ofrendas y las prácticas mortuorias pudieron conservarse o adquirir nuevos sentidos. Como en el caso del arte rupestre Tacarigüense, la pervivencia y reelaboración de referentes culturales se habrían mantenido pese a cambios técnicos y formales. Extender ese razonamiento al tabaco constituye una hipótesis de este artículo: la continuidad cultural pudo incluir saberes vegetales y formas de mediación ritual. Su comprobación exige distinguir continuidad del consumo, continuidad de los instrumentos y continuidad de las funciones, pues ninguna implica automáticamente las otras. Tampoco establece que el tabaco se utilizara en un sitio rupestre concreto sin evidencias de esa asociación.
Sitios de hallazgo y diversidad morfológica
Las pipas combinan una hornilla o cazoleta, donde se coloca el material para quemar, con un cañón o boquilla atravesado por el conducto de aspiración. Peñalver Gómez (2009, p. 307) describe el modelado separado de ambos componentes y su unión antes de la cocción. Registra arcillas con desgrasantes de cuarzo y mica, superficies pulidas o alisadas y coloraciones negro-grisáceas. Su clasificación distingue trece tipos con variantes; Derkau (2024, pp. 54–57) reproduce esa tipología y muestra que existen formas adicionales.
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| Pipa cerámica del sitio La Culebra (edo. Carabobo). Colección de G. Montiel. Fotografía: Leonardo Páez, 2004. |
Sitio o localidad | Contexto o procedencia documentada | Ejemplos morfológicos |
La Culebra, Carabobo | Excavaciones con pipas en niveles de 0,80 a 2 m y asociaciones funerarias; también ejemplares de colección. | Hornillas antropomorfas, zoomorfas y globulares; boquillas de aspecto fálico e incisiones. Ydler ilustra una pieza de 14 cm de largo y 6 cm de alto, y otra de 15,5 × 6 × 10 cm con diseños sobre la boquilla. |
El Morro de Guacara, Carabobo | Pipas excavadas y asociaciones con esqueletos y fogones. | Ydler describe una pipa negra pulida con rostro dirigido al fumador, boquilla de unos 8 cm y cazoleta de unos 5 cm de alto. |
La Mata / Las Matas, Aragua | Bennett registra una pipa angular en la sección A del montículo 6 y una posible cazoleta en la mitad inferior de la sección D. Peñalver documenta pipas junto a un fogón y utensilios en el montículo 1. | Cazoleta con rostro modelado en Bennett; otra pieza lisa de identificación dudosa. Derkau reproduce ejemplares de las excavaciones de Jahn de 8,3 × 7 × 5,6 cm y 4,8 × 4 × 4 cm. |
Isla Otama | Recuperaciones subacuáticas y materiales que Peñalver relaciona con depósitos funerarios antiguos. | Diferentes tipos de hornilla; la tipología reproducida por Derkau consigna ejemplos de 7,9, 5,8 y 3,7 cm de alto. |
Isla Caigüire | Recuperaciones subacuáticas y piezas de las excavaciones de Jahn. | Derkau reproduce un fragmento de pipa de 7,7 × 4 × 7,6 cm y otros ejemplares tipológicos de hornilla figurada. |
La Cabrera y Los Tamarindos | Hallazgos de excavación y materiales afectados por la dinámica del lago. Derkau recoge una pipa en el enterramiento 70 de Kidder. | Hornillas de rasgos antropomorfos y fragmentos grises pulidos. Derkau reproduce una pipa de La Cabrera de 5,7 × 3,9 × 10,9 cm. |
Isla El Burro | Ejemplar procedente de las excavaciones de Jahn, reproducido por Derkau. | Pipa cerámica de 4,3 × 4,1 × 8,8 cm. |
Güigüe, Carabobo | Piezas y fragmentos de las excavaciones de Mac-Pherson en la ribera del lago. | Derkau reproduce un fragmento de hornilla de unos 15 cm de alto y tres pipas de las excavaciones de 1914. |
Tocorón, Aragua | Fragmentos de hornillas y cañones registrados por Osgood en el sector inferior del montículo excavado. | Material fragmentario que Derkau relaciona con la ocupación barrancoide; no permite reconstruir aquí dimensiones de piezas completas. |
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| Cazoleta de pipa cerámica del sitio La Mata (edo. Aragua). Fuente de la imagen: Bennet, 1937. |
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| Pipa cerámica del sitio La Culebra (edo. Carabobo). Colección Museo de Antropología e Historia de Valencia. Fuente de la imagen: Arroyo et al., 1999. |
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| Pipa cerámica del sitio La Culebra (edo. Carabobo). Colección de G. Montiel. Fotografía: Leonardo Páez, 2004. |
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| Pipa cerámica del sitio El Palito. Paradero desconocido. Fuente de la imagen: Derkau, 2024. |
Consumo del tabaco y evidencia de uso
La pipa revela una tecnología para producir y aspirar humo, pero la identificación de la planta quemada necesita evidencias adicionales. Peñalver Gómez (2009, pp. 315–316) recoge un análisis cualitativo mediante microscopía electrónica, realizado por José Colina, de material extraído del interior de una pipa del sitio La Culebra. Entre sus resultados enumera residuos de celulosa, alquitranes y nicotina cristalizada. Es un antecedente regional importante, aunque el informe reproducido no ofrece el detalle necesario para evaluar la identificación de la nicotina según los criterios analíticos actuales. Su comprobación mediante técnicas químicas y arqueobotánicas fortalecería la atribución al tabaco.
Los métodos reunidos en el volumen de Bollwerk y Tushingham
ofrecen vías para contrastar ese antecedente. Allí, Tushingham y Eerkens (2016, pp.
222–226) describen la extracción de residuos de pipas completas y fragmentadas
y su análisis mediante cromatografía de gases acoplada a espectrometría de
masas (GC-MS). La comparación con plantas actuales y pipas experimentales
fumadas permitió identificar biomarcadores y evaluar su conservación después de
la combustión. Este procedimiento muestra que incluso fragmentos pequeños
pueden aportar información sobre las sustancias consumidas. Los resultados
norteamericanos, sin embargo, no identifican directamente los contenidos de las
piezas venezolanas.
El caso sudamericano de La Granja, en Chile central, es especialmente ilustrativo. Planella et al. (2016, pp. 243–246) combinaron análisis de microrrestos con estudios químicos de un conjunto de pipas y utensilios de procesamiento. Detectaron nicotina en 45 de los 116 objetos sometidos al análisis químico, aproximadamente el 39 %. La muestra incluía fragmentos de pipas, morteros y manos o instrumentos de molienda. Los microrrestos permitieron reconocer Nicotiana y otros componentes vegetales, entre ellos restos atribuidos a papa silvestre, un posible grano de almidón de maíz y una leguminosa. Esos resultados documentan una composición vegetal más diversa que la reconocible a partir de la forma cerámica y permiten discutir posibles adiciones al tabaco. Como en el caso anterior, no autorizan a trasladar esas plantas o mezclas a Tacarigua.
La complementariedad de los métodos también importa. En el caso ya mencionado de La Granja (Chile) se detectó nicotina en micromorteros e instrumentos de molienda donde el análisis de microrrestos no había identificado tabaco. Los autores examinaron diferentes partes de las pipas, elaboraron colecciones botánicas de referencia y analizaron sedimentos de control para distinguir componentes del depósito y residuos asociados con el uso (Planella et al., 2016, pp. 243, 248). Aplicado como propuesta de investigación a la cuenca tacarigüense, este enfoque permitiría contrastar hornillas y conductos, revisar la posible función de pequeños morteros y reconocer otras plantas. La selección de muestras debería considerar la conservación, la procedencia y los tratamientos previos de las piezas. Se trata de una vía para evaluar tanto la atribución al tabaco como la hipótesis de transmisión de sus formas de preparación entre ocupaciones barrancoides y valencioides.
Ydler (2012, p. 90) menciona manchas de combustión en las hornillas y desgaste dental que interpreta como resultado del contacto con las boquillas. También refiere un enterramiento de La Culebra con dos pipas. Estas observaciones aportan indicios sobre el empleo de los objetos, pero no identifican por sí solas a la persona enterrada como especialista ritual. La presencia de una pipa en una sepultura pudo expresar pertenencia, valoración social u ofrenda, además de su uso durante la vida.
El consumo amerindio tampoco se limitó a fumar en pipas. Wilbert (1976, p. 4) documenta, en distintos pueblos sudamericanos, cigarros de hojas enrolladas, tabaco masticado, bebidas, preparados concentrados y aspiración nasal. La conservación arqueológica favorece la cerámica frente a hojas, envolturas y recipientes perecederos. Por ello, la ausencia de pipas en determinados contextos no demuestra ausencia de tabaco. Para la cuenca del lago de Valencia, Peñalver Gómez (2009, p. 318) atribuye pequeñas ollas del horizonte reciente al transporte de chimó; conviene conservar esta atribución como interpretación de la autora mientras no se cuente con análisis de contenido que la confirmen.
Cultivo, ofrenda y relaciones con las plantas
La historia del tabaco comienza antes de su combustión. Incluye, en efecto, la selección de semillas, el cultivo, el cuidado y la preparación de las hojas. Para la región Tacarigüense, esos procesos siguen necesitando evidencia arqueobotánica directa. Sin embargo, la etnografía permite comprender por qué una planta cultivada podía ocupar simultáneamente un lugar tanto productivo como ritual.Curación y relaciones con entidades no humanas
Los estudios de Wilbert (1976, pp. 4-6, 32-40) muestran que el tabaco podía participar en relaciones de reciprocidad entre humanos y entidades espirituales. El humo y las ofrendas formaban parte de procedimientos para solicitar protección, establecer comunicación y mantener relaciones necesarias para la vida. Su importancia dependía de conocimientos, narraciones y acciones rituales que organizaban su preparación y administración.
Desde esta perspectiva comparativa, las pipas tacarigüenses pudieron intervenir en prácticas terapéuticas y de mediación ritual. La producción de humo, su aspiración y su expulsión permitían articular respiración, gestos y comunicación. Ydler (2012, p. 87) interpreta el humo soplado sobre los enfermos como manifestación de un soplo protector y relaciona las hornillas mayores con un consumo intenso destinado a modificar el estado del oficiante. Estas propuestas son plausibles dentro del marco etnográfico sudamericano, pero la capacidad de una hornilla no demuestra por sí sola la dosis consumida ni una ceremonia específica.
Hill y Chaumeil (2011, pp. 20–21) precisan el vínculo entre respiración y eficacia ritual. Entre los Wakuénai del alto río Negro, los especialistas en cantos son conocidos como sopladores, y la exhalación hace visible, mediante el humo del tabaco, una acción que también es audible. Las palabras, el aliento y el humo actúan conjuntamente sobre personas, alimentos y herramientas. Esta comparación invita a considerar las pipas tacarigüenses como posibles mediadoras de acciones corporales y comunicativas, sin atribuirles funciones musicales por su semejanza tubular con instrumentos de viento.
El estudio de Reichel-Dolmatoff (1978, pp. 87-102) sobre el yagé entre pueblos de lengua tukano del Uaupés demuestra la importancia del contexto cultural en la experiencia con plantas de efectos psicoactivos. Registra la purificación del recipiente y del instrumento de preparación mediante humo de tabaco (p. 94). El dato permite reconocer que el tabaco podía acompañar el empleo ceremonial de otras plantas; no acredita el consumo de yagé en la cuenca de Tacarigua. Los relatos, los aprendizajes y las reglas de participación son parte del sentido de la práctica y no pueden deducirse únicamente de la capacidad de una hornilla.
Vasija ceremonial para la preparación de bebida alucinógena entre los tukano del Uaupés. Fuente: Reichel-Dolmatoff, 1971.
La comparación también exige reconocer las variaciones históricas. Harris (2024) muestra que el chamanismo del bajo Amazonas adquirió formas distintas durante los siglos XVII y XVIII, en relación con la violencia colonial, las enfermedades y los intercambios entre poblaciones. Su estudio ayuda a evitar la imagen de una institución uniforme e inmutable. Del mismo modo, Botero Villegas (2014, pp. 248–249) documenta, entre los Awá del suroccidente colombiano, funciones protectoras, terapéuticas y socializadoras del tabaco. Estos casos amplían las posibilidades interpretativas, sin constituir pruebas de las mismas prácticas entre los antiguos pobladores de Tacarigua.
La investigación de Bitencourt (2017, pp. 174–176), centrada en las artes de curar del bajo Amazonas y complementada con trabajo de campo contemporáneo, incorpora pipas angulares de Santarém y Oriximiná con representaciones humanas, animales y motivos florales. También recoge prácticas de protección mediante humo entre curadores ribereños y quilombolas. Su diversidad histórica aconseja estudiar las semejanzas formales y terapéuticas sin convertirlas en prueba de continuidad cultural entre regiones. Los cigarros de pajé que la autora denomina tauari tampoco deben identificarse automáticamente con una especie de Nicotiana: la denominación remite a otro recurso vegetal y el preparado requiere una caracterización propia.
Fuente: Bitencourt, 2017.
Fumar, congregarse y mantener relaciones sociales
La discusión comparativa amplía las funciones posibles hacia la reunión y la interacción entre comunidades. En La Granja, fechado aproximadamente entre 1450 AP y 950 AP, Planella et al. (2016, pp. 234–236, 243) registran 787 fragmentos de pipas, recipientes y utensilios de preparación, junto con sectores domésticos y estructuras pétreas. La concentración excepcional de estos materiales en comparación con otros sitios fundamenta su interpretación como lugar de agregación, donde las prácticas ceremoniales pudieron contribuir a la cohesión y al afianzamiento de identidades (Planella et al., 2016, pp. 248–249). La fragmentación deliberada de algunas pipas se plantea como posibilidad ritual, aunque sus modalidades de uso o de descarte no están del todo esclarecidas.
Para Tacarigua, este caso permite examinar si determinados conjuntos de pipas correspondían a reuniones, intercambios o prácticas compartidas, además de curaciones y funerales. Esa función tendría que sustentarse en distribuciones espaciales, frecuencias comparables y asociaciones documentadas; la semejanza de objetos o la presencia de estructuras de piedra no basta para equiparar ambos contextos. Asimismo, Bollwerk y Tushingham (2016, pp. 4–5) proponen estudiar la historia de los objetos desde su fabricación hasta el uso, la posible reutilización y el descarte. Esta perspectiva ayuda a considerar que una pipa de tradición barrancoide depositada durante una ocupación valencioide pudo tener una trayectoria prolongada o un valor heredado, como alternativa a la fabricación contemporánea y al desplazamiento accidental de materiales. Reconocer esa trayectoria permitiría discutir cómo los objetos participaron en la transmisión de saberes y relaciones sociales.
Pipas y prácticas funerarias
Los contextos funerarios aportan la evidencia local más consistente para discutir funciones que excedían el consumo individual. Peñalver Gómez (2009, p. 319) relaciona las pipas de Otama y Caigüire con depósitos funerarios, y las de La Culebra y El Morro con esqueletos y fogones. En Las Matas la autora registra una asociación distinta: piezas alrededor de un fogón en una habitación con restos de alimentos y utensilios, vinculada también a enterramientos y evidencias de fuego.
La autora propone que parte del conjunto de Las Matas corresponde al abandono de una vivienda después de la muerte de miembros del grupo. Aquí pueden distinguirse los materiales observados o la reconstrucción de la ceremonia. La asociación entre pipas, fuego y muertos permite plantear un uso mortuorio, pero no establece de manera inequívoca la secuencia de acciones ni su significado. Las piezas pudieron servir durante los funerales, depositarse como pertenencias o participar en otras formas de relación entre vivos y muertos (Derkau, 2024, pp. 60, 135; Peñalver Gómez, 2009, pp. 319–320).
Iconografía y límites de la interpretación
Algunas boquillas reproducen rasgos que permiten reconocer una evocación fálica. Ydler (2012, pp. 85–89) desarrolla, a partir de ellos, una interpretación centrada en la fertilidad y la potencia procreadora. La integración de referencias corporales, de rostros y de animales sugiere que el diseño de las pipas podía expresar relaciones simbólicas además de resolver necesidades técnicas.
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| Dibujo aproximado, hecho con IA, de pipa cerámica colectada en el secto noroccidental del lago de Valencia. Fuente: Peñalver Gómez, 2009. |
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| Pipa cerámica del sitio Isla El Burro. Colección Museum Dahlem. Fuente de la imagen: Derkau, 2024. |
Sin embargo, identificar una forma fálica no demuestra un culto organizado, una estructura clánica patrilineal o un monopolio masculino del ritual. Tampoco permite establecer prácticas de circuncisión o tatuaje genital a partir de cada detalle de modelado. Esas propuestas de Ydler requieren evidencia independiente. La orientación de un rostro hacia el fumador o hacia el exterior es un atributo observable; asignar a cada orientación una función exclusiva de trance o de curación constituye una hipótesis adicional.
El tabaco y las pipas abren así una vía para comprender la articulación entre conocimientos vegetales, técnicas cerámicas, cuerpos y prácticas funerarias en la región Tacarigüense. Las fuentes sostienen una tradición regional diversa y una participación de parte de sus instrumentos en contextos rituales. La hipótesis de continuidad barrancoide–valencioide permite situar esa tradición dentro de procesos de transmisión y transformación cultural, en los cuales las prácticas del tabaco pudieron persistir aun cuando cambiaran sus expresiones materiales (Páez, 2021). Precisar su historia requiere conservar las colecciones junto con sus registros, revisar las asociaciones estratigráficas y estudiar los residuos. Esa labor permitirá interpretar las piezas desde evidencias cada vez más precisas y reconocer el lugar del tabaco en las relaciones que hicieron posible la vida de las comunidades de la cuenca.
Referencias
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