La Corona del Rey: conocer el sitio y preservar su nombre
En distintas oportunidades se ha mencionado que «Corona del Rey» es el nombre de un gran bloque rocoso con grabados rupestres ubicado en el sector Guayabal de las montañas de La Cumaca (sector noroccidental de la cuenca del lago de Valencia, región Tacarigüense, centro-norte de Venezuela), en la subcuenca hidrográfica del mismo nombre. Sin embargo, las fuentes documentales permiten precisar la ubicación del sitio tradicionalmente identificado con este topónimo y distinguirlo del referido bloque de Guayabal.
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| Artículo de Luis Mariño publicado en la revista El Petroglifo, año 1978. |
En junio de 1978, el número 7 de la revista El Petroglifo publicó un artículo de Luis Mariño titulado «La Corona del Rey (Conglomerado Vigirima)». Allí se describe una expedición del Círculo Cultural El Petroglifo a una zona arqueológica situada en la parte media de la cima de la fila La Josefina, al noroeste de Piedra Pintada. La exploración contó con Agapito Zambrano, campesino residente de la zona, como baquiano. El reconocimiento del lugar se apoyó, por tanto, en el conocimiento territorial de sus habitantes.
Mariño relata que, al llegar a la cima, observaron una disposición circular de piedras que coronaba el cerro, a la cual atribuyeron el posible origen del nombre. Cerca de allí registraron una gran roca con nueve motivos grabados, entre ellos rostros antropomorfos con apéndices radiantes. La fotografía que acompaña el artículo muestra el motivo conocido como el «Gran Sol». Una exploración posterior permitió localizar otros petroglifos en piedras vecinas, evidenciando que se trataba de un conjunto rupestre.
En su libro Petroglifos de Tacarigua (1985), Omar Idler también documenta La Corona del Rey y publica varias fotografías del sitio. Entre ellas figuran el «Gran Sol», reproducido en la revista El Petroglifo, y una imagen de Agapito Zambrano junto a otro vecino, probablemente de la comunidad de Tronconero, al lado del soporte rocoso. Esta fotografía constituye un testimonio de la presencia de los pobladores locales en la historia de exploración y documentación del yacimiento.
Posteriormente, el catálogo gráfico del arte rupestre en Venezuela, incluido en El diseño en los petroglifos venezolanos, de Ruby de Valencia y Jeannine Sujo Volsky (1987), reproduce la imagen del «Gran Sol» y la identifica como una fotografía tomada por Omar Idler en 1976. La ficha ubica el petroglifo en «La Corona del Rey», La Josefina, Vigirima, reforzando la correspondencia entre el nombre y el sitio descrito por Mariño.
La fecha de esta fotografía permite establecer que Idler documentó el lugar al menos desde 1976. Por su condición de integrante y miembro fundador del Círculo Cultural El Petroglifo, es probable que haya participado en las exploraciones que dieron origen a estos registros. Sin embargo, conviene mantener abierta la relación exacta entre aquella toma fotográfica y la expedición reseñada en 1978. Mariño sitúa esta última en «el trimestre pasado», por lo que ambos antecedentes no bastan para afirmar que se trató de una misma jornada realizada en 1976.
En nuestro trabajo de 2010, Petroglifos de la Corona del Rey. Aportes para el conocimiento del patrimonio arqueológico de la Cuenca del lago de Valencia, Venezuela, documentamos este mismo sitio con arte rupestre, localizado aproximadamente a 1.100 metros sobre el nivel del mar, en la fila La Josefina, zona limítrofe entre los municipios San Diego y Guacara, estado Carabobo. El registro incluyó 31 rocas con 46 motivos, distribuidos en un área aproximada de 4.000 metros cuadrados. En ese estudio, Guayabal figura como otro sitio del circuito rupestre que rodea la fila La Josefina.
Las explicaciones sobre el origen del nombre tampoco son unívocas. Además de la disposición de piedras mencionada en 1978, nuestro trabajo de 2010 recoge el testimonio de un habitante de Tronconero que lo relacionaba con un rostro grabado provisto de una especie de corona, en una roca que habría sido sustraída durante la construcción de la carretera. Estas versiones deben conservarse como testimonios, distinguiendo la identificación del lugar de las interpretaciones acerca del origen de su nombre.
| Imágenes anteriores: trabajo de registro de los petroglifos de La Corona del Rey, año 2009. |
Esta precisión nos recuerda que conocer y mantener los topónimos tradicionales utilizados por las comunidades debe ser una prioridad al registrar y documentar los sitios con arte rupestre. Los nombres forman parte de la memoria social del territorio: permiten reconocer lugares, transmitir experiencias y vincular el patrimonio arqueológico con quienes habitan su entorno.
Por ello, antes de asignar, trasladar o reproducir una denominación, corresponde consultar a los pobladores, contrastar sus testimonios con las fuentes disponibles y dejar constancia de las variantes existentes. Los códigos de inventario pueden complementar esta información, pero el nombre comunitario debe ocupar un lugar central en la documentación. Preservar los petroglifos también implica respetar los nombres con los que las comunidades conocen los lugares donde se encuentran.
Referencias
Idler, Omar. 1985. Petroglifos de Tacarigua. Ediciones Ateneo de Guacara.
Mariño, Luis. 1978. «La Corona del Rey (Conglomerado Vigirima)». El Petroglifo, segunda época, n.º 7, junio. Guacara, estado Carabobo. https://www.academia.edu/128629640/El_Petroglifo_1978_No7_
Páez, Leonardo. 2010. «Petroglifos de la Corona del Rey. Aportes para el conocimiento del patrimonio arqueológico de la Cuenca del lago de Valencia, Venezuela». Rupestreweb. http://www.rupestreweb.info/coronadelrey.html.
Páez Leonardo. 2021. Etnohistoria del arte rupestre tacarigüense. Producción, uso y función de los petroglifos de la región del lago de Valencia, Venezuela (2450 a.C. – 2008 d.C.). Ediciones Dabánatà, Universidad de Los Andes.
Valencia, Ruby de, y Jeannine Sujo Volsky. 1987. El diseño en los petroglifos venezolanos. Fundación Pampero.




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