Piedra Las Caritas: la ausencia que volvió a tener rostro
El petroglifo apareció.
No regresó a su antiguo lugar ni recuperó la posición en la cual lo conocimos. Tampoco volvió intacta la relación que alguna vez mantuvo con la pendiente, las demás rocas y el paisaje. Pero apareció. Después de más de quince años de incertidumbre, Piedra Las Caritas se localizó a pocos metros del emplazamiento donde había sido registrada a finales del año 2000. Su encuentro trae alivio, pero también obliga a reconstruir la historia de todo cuanto le ocurrió. Una historia que debe escribirse ahora, antes de que los recuerdos se dispersen y el silencio termine por convertir el abandono en olvido.
Piedra Las Caritas forma parte del sitio con arte rupestre La Cumaquita, localizado en el sector Lambedero de La Cumaca, al norte del municipio San Diego, estado Carabobo (Venezuela). El sitio se encuentra en el piedemonte de la cordillera de la Costa, dentro de la región tacarigüense, un espacio donde numerosos afloramientos rocosos testimonian la presencia y la manera de pensar el paisaje de sus antiguos pobladores amerindios.
El sector Lambedero nació como espacio residencial a finales del siglo XX, tras la ocupación de terrenos nacionales utilizados hasta entonces para el pastoreo de ganado de la antigua hacienda La Cumaca. En pocos años, aquel paisaje pecuario se transformó en un asentamiento atravesado por viviendas, parcelas, cercas, calles, pozos sépticos, cultivos y pequeños emprendimientos. Para 2010 se estimaba que allí residían alrededor de 103 familias y 420 personas. El crecimiento atendía necesidades reales de habitación y subsistencia, pero avanzaba sin planificación arqueológica y sin una política pública que conciliara el derecho de los habitantes a mejorar sus condiciones de vida con la obligación de preservar los bienes culturales existentes en sus patios y calles.
Una advertencia formulada desde el año 2000
A finales de 2000, la Asociación Civil Diego Guárate, por medio de Manuel Araujo y Marta de Araujo, promovió el primer registro sistemático del conjunto arqueológico. El trabajo fue dirigido por Omar Ydler, entonces coordinador del Museo Parque Arqueológico Piedra Pintada de Guacara. Su equipo inventarió 15 afloramientos rocosos y 45 representaciones grabadas, distribuidos en cuatro estaciones (ver mapa 1).
Ydler recomendó declarar el lugar “sitio de reserva arqueológica”, aprovecharlo como aula abierta para conocer el pasado antiguo venezolano y desarrollar, bajo criterios adecuados, sus posibilidades turístico-culturales (Ydler, 2000, citado en Páez, 2010). La advertencia fue temprana y precisa: los petroglifos estaban expuestos al deterioro provocado por la ocupación y transformación del terreno.
Piedra Las Caritas ya estaba allí. Por eso, la fotografía que tomamos en 2007 no documenta su hallazgo, sino un momento dentro de una trayectoria de registro iniciada al menos siete años antes. En aquella imagen, el soporte aparecía casi tapiado por sedimentos, vegetación y materia orgánica. Solo una parte de su superficie quedaba visible. La piedra parecía hundirse lentamente en la pendiente, como si el terreno comenzara a ocultarla (imagen 1).
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| Imagen 1. Piedra Las Caritas, año 2007. Foto: Leonardo Páez Rodríguez. |
En 2008 realizamos una documentación fotográfica más detallada. El soporte estaba más despejado y podían distinguirse mejor varios de sus surcos. Las tomas generales mostraban que todavía permanecía integrado en el talud, mientras que las fotografías cercanas registraban el tenue trazado de las representaciones. También podía apreciarse la cercanía de viviendas, cercas, cultivos y modificaciones del terreno. El crecimiento residencial ya había alcanzado el entorno inmediato del petroglifo (imágenes 2, 3, 4).
| Imagen 2. Piedra Las Caritas y su contexto en 2008. Foto: Leonardo Páez Rodríguez. |
| Imagen 3. Trabajo de registro en Piedra Las Caritas con los habitantes del sector Lambedero. Foto: indeterminada, 2008. |
| Imagen 4. Intervención en los surcos de una de las representaciones de Piedra Las Caritas. Foto: Leonardo Páez Rodríguez, 2008. |
Las visitas efectuadas en 2010 permitieron observar una situación todavía más delicada. La piedra sobresalía de la pendiente, pero el terreno bajo ella había sido socavado, dejando una cavidad que comprometía su estabilidad. A su alrededor se acumulaban restos vegetales y otros materiales, mientras las construcciones y los movimientos de tierra se aproximaban cada vez más. Las fotografías de octubre de ese año, algunas realizadas con escala métrica y cromática IFRAO, documentaron tanto la superficie grabada como la relación del soporte con la vía, las viviendas y el talud (imágenes 5, 6, 7, 8, 9, 10).
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| Imagen 5. Vista del fozo cavado cercano a Piedra Las Caritas. Foto: Leonardo Páez Rodríguez, 2010. |
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| Imagen 6. Posando al lado de Piedra Las Caritas. Foto: Nehemías Rondón, 2010. |
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| Imagen 7. Otra vista de Piedra Las Caritas y la intervención de su contexto espacial. Foto: Leonardo Páez Rodríguez, 2010. |
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| Imagen 8. Motivo en rostro antropomorfo de Piedra Las Caritas. Foto: Leonardo Páez Rodríguez, 2010. |
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| Imagen 9. Nehemías Rondón al lado de Piedra Las Caritas. Foto: Leonardo Páez Rodríguez, 2010. |
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| Imagen 10. Otro motivo en rostro antropomorfo de Piedra Las Caritas. Foto: Leonardo Páez Rodríguez, 2010. |
El inventario publicado entonces registró en Lambedero 17 rocas, 58 representaciones y nueve estaciones, reorganizadas de acuerdo con la nueva distribución espacial del asentamiento. Piedra Las Caritas fue descrita como un soporte de medianas dimensiones, posiblemente rodado de una posición anterior, con cuatro signos elaborados mediante percusión indirecta y surcos tenues y poco profundos. Se encontraba obstaculizando el banqueo del terreno, la construcción de un pozo séptico y el cercado de la parcela donde había quedado comprendida (Páez, 2010).
Conviene introducir aquí una precisión técnica. Cuando hablamos de su “ubicación original” nos referimos al emplazamiento en el cual fue documentada desde 2000. No podemos asegurar que esa fuese exactamente su posición prehispánica, pues ya en 2010 se consideró la posibilidad de que la roca hubiese rodado con anterioridad. Sin embargo, aquel emplazamiento constituía su contexto arqueológico conocido: conservaba información sobre su orientación, visibilidad, relación con la pendiente y cercanía respecto de las restantes estaciones. Perderlo significaba perder una parte de la información contenida en la piedra.
Enero de 2011: la amenaza se hace visible
A comienzos de 2011 nos llegó la noticia de que se estaba banqueando el terreno alrededor de Piedra Las Caritas y de que podía ser removida o dañada. El propietario de las bienhechurías construidas en la parcela pretendía acondicionar el lugar para establecer un pequeño local de comida. Para ello necesitaba desbancar la pendiente y resolver un obstáculo considerable: la gran roca grabada situada a un costado. Fuimos al lugar, acompañados por Nehemías Rondón y Jairo Torrealba, entonces integrante del Gabinete Estadal de Cultura del estado Carabobo. Una imagen dejó constancia de aquella visita (imagen 11). En ella aparecemos Nehemías Rondón, quien escribe estas líneas —Leonardo Páez Rodríguez—, los vecinos Jorge Clemente y su pareja, y el responsable de las bienhechurías y de la intervención, reconocible por encontrarse sin camisa. A la izquierda de la remoción, parcialmente cubierta con un plástico, estaba Piedra Las Caritas.
| Imagen 11. De izquierda a derecha: Propietario de las bienechurías, Nehemías Rondón, Leonardo Páez Rodríguez, Jorge Clemente y su pareja. Foto: Jairo Torrealba, enero 2011. |
Le explicamos al responsable que aquella roca formaba parte del patrimonio arqueológico de la nación; que sus grabados habían sido realizados por los antiguos habitantes de la cuenca del lago de Valencia y que su destrucción o traslado arbitrario constituía una intervención ilegal. Posteriormente dimos parte al Instituto del Patrimonio Cultural y logramos que el antropólogo Francisco Catalano —funcionario para la época de esta institución— hiciera una inspección técnica al sitio. El objetivo fue sopesar la posibilidad de remover algunos soportes con grabados de su posición originaria con fines de conservación y puesta en valor a través de la creación de un museo de sitio donde las rocas removidas reposaran en el "parquecito El Mastrasto", ubicado en el sector. La respuesta institucional concreta fue negativa: no podían removerse los soportes porque se "descontextualizaban".
La situación no puede comprenderse entonces como la oposición simple entre un “destructor” y una piedra. Expresa, por un lado, un conflicto más profundo entre diferentes maneras de asignar valor al espacio. Desde una lógica campesina y posteriormente periurbana, el terreno era apreciado por su utilidad inmediata: levantar una vivienda, cercar una parcela, abrir un pozo séptico o construir un pequeño negocio. Pero comprender esta lógica no significa justificar la destrucción. Desde la valoración arqueológica, aquel mismo espacio forma parte de un paisaje cultural mucho más antiguo. Además, permite advertir que la protección del patrimonio no puede descansar exclusivamente en "preservar el contexto", o en prohibiciones dirigidas a quienes habitan los sitios. Requiere acompañamiento técnico, alternativas viables, educación, organización comunitaria y una presencia institucional sostenida. Nada de eso ha ocurrido con la continuidad necesaria.
Un proyecto que no logró vencer la desarticulación
Entre 2008 y 2011 desarrollamos en Lambedero labores de investigación, formación y acompañamiento comunitario, en el marco de nuestros estudios en Educación mención desarrollo cultural de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez. Se realizaron talleres sobre los petroglifos y el pasado profundo regional, actividades de pintura lítica, recorridos por las estaciones y un informe técnico sobre el estado de conservación del conjunto. También se apoyó una propuesta de ruta turístico-artesanal y se consideró la creación de una brigada ambientalista comunitaria. Las intervenciones buscaban que los petroglifos no fueran percibidos como obstáculos impuestos desde afuera, sino como bienes capaces de fortalecer la identidad local y contribuir, mediante un turismo regulado, al desarrollo de la comunidad. Se planteó incluso la creación de un Museo-Parque Arqueológico comunitario en el espacio conocido como El Mastranto. Allí podrían conservarse, bajo condiciones adecuadas, aquellas rocas cuya permanencia en parcelas privadas se hubiese vuelto imposible (imagen 12).
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| Imagen 12. Valla del Parquecito El Mastranto, año 2010. Foto: Leonardo Páez Rodríguez. |
El proyecto turístico-artesanal solo avanzó parcialmente: se construyeron siete de los 27 locales previstos y surgieron discrepancias sobre su propiedad y utilización. El informe arqueológico fue entregado al Consejo Comunal de La Cumaca y al Gabinete Estadal de Cultura, pero quedó a la espera de respuestas concretas. El documento concluía que las instituciones públicas, la comunidad organizada y los grupos culturales debían trabajar mancomunadamente. Advertía, además, que el conocimiento adquirido podía perderse “en el umbral del olvido” si no se traducía en acciones sostenidas (Páez, 2011).
El proyecto informe de 2010 señalaba que la mejor opción para cualquier manifestación rupestre era conservarla in situ, debido a que la roca y su contexto componían una unidad. No obstante, reconocía que, ante el avance irreversible de la frontera urbana, algunos soportes podían necesitar un traslado. Este debía realizarse después de un registro sistemático, con autorización de los organismos competentes, bajo la dirección de especialistas y hacia un espacio acondicionado dentro de la propia comunidad (Páez, 2010). Por tanto, el problema no consiste únicamente en que Piedra Las Caritas haya sido movida. Su traslado llegó a ser contemplado como una medida excepcional de conservación. El problema es que hasta ahora desconocemos cuándo fue removida, quién ejecutó la operación, qué medios utilizó, si existió autorización oficial, qué registro se levantó y qué daños pudo sufrir durante el proceso.
Después de aquella visita de enero de 2011 nos mudamos de la región del lago de Valencia y se interrumpió el seguimiento presencial. Nada más supimos de la piedra. En una publicación realizada en Facebook en 2023 recordamos aquel episodio con una frase que resumía la ruptura de la historia: “No hubo más alboroto…”. Para entonces, Piedra Las Caritas era una ausencia. No sabíamos si había sido destruida, enterrada, fragmentada o trasladada. Además, un informe elaborado por Judith Durán en 2025 todavía reflejaba esa incertidumbre: el soporte aparecía como prácticamente desaparecido o de paradero desconocido, dentro de un diagnóstico general de grave deterioro del SAR La Cumaquita. Al menos otras dos estaciones se consideraban desaparecidas o sin ubicación comprobada.
Reconstruir un lugar mediante la memoria visual
En noviembre de 2025 se produjo un primer avance. María Inés Jiménez nos envió varias fotografías del sector Lambedero. Al compararlas con mis imágenes de la década de 2000 pude identificar el punto donde Piedra Las Caritas había sido documentada. La correspondencia entre viviendas, linderos, pendientes y otras referencias persistentes del paisaje permitió reconocer el lugar, pese a la profunda transformación sufrida. No fue una coordenada conservada por una institución la que permitió recuperar aquel emplazamiento. Fue un ejercicio de memoria visual: colocar frente a frente fotografías tomadas con años de diferencia y buscar, entre cercas, casas y cortes del terreno, las huellas de un paisaje desaparecido (imágenes 13, 14 y 15).
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| Imagen 13. Foto cortesía de María Inés Jiménez, noviembre de 2025. |
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| Imagen 14. Foto cortesía de María Inés Jiménez, noviembre de 2025. |
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| Imagen 15. Izquierda: fotos del año 2010; derecha, foto de María Inés, año 2025. |
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| Imagen 16. Cortesía Margarita González, agosto de 2026. |
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| Imagen 17. Cortesía Margarita González, agosto de 2026. |
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| Imagen 18. Cortesía Margarita González, agosto de 2026. |
El lugar permanece, pero su aspecto ya no cuenta lo sucedido. Para hacerlo hablar se necesitan las fotografías antiguas, los testimonios y la comparación paciente de sus transformaciones.
La piedra aparece
En agosto de 2026, por intermedio de la licenciada Fanny Barrios, coordinadora de Espacio San Diego, instancia adscrita a la Dirección de Extensión y Servicios a la Comunidad de la Universidad de Carabobo (DESCO-UC), supimos que Piedra Las Caritas no había sido destruida. La fotografía de Fanny Barrios permitió señalar el soporte entre las rocas y la vegetación de un espacio público cercano, adscrito a la estación El Corozo donde se ubican otros petroglifos (imagen 19).
Poco después, las imágenes enviadas por Margarita González hicieron posible verificar su ubicación: la piedra había sido trasladada apenas unos metros y depositada en el espacio comunitario correspondiente a la estación El Corozo del SAR La Cumaquita (imágenes 20, 21, 22, 23 y 24).
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| Imagen 20. Cortesía Margarita González, agosto de 2026. |
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| Imagen 21. Cortesía Margarita González, agosto de 2026. |
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| Imagen 22. Cortesía Margarita González, agosto de 2026. |
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| Imagen 23. Cortesía Margarita González, agosto de 2026. |
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| Imagen 24. Cortesía Margarita González, agosto de 2026. |
La noticia produce alegría contenida. Piedra Las Caritas sobrevivió materialmente. Sus surcos todavía pueden distinguirse, aunque se observan tenues y requieren condiciones apropiadas de luz para ser apreciados. La roca descansa directamente sobre el terreno, junto a un muro y rodeada de vegetación. En las fotografías no se aprecia señalización, cubierta, barrera de protección ni dispositivo museográfico. También parecen observarse desprendimientos o alteraciones superficiales cuya naturaleza solo podrá determinarse mediante una inspección técnica presencial.
El petroglifo se salvó, pero fue "descontextualizado" sin el debido cuidado por el registro arqueológico. Aunque permanece dentro del mismo entorno comunitario y a poca distancia de su emplazamiento documentado, perdió su orientación y relación inmediata con la pendiente donde fue registrada. La cercanía física no restituye la información arqueológica perdida. Tampoco conviene moverla nuevamente sin un estudio previo. Todo desplazamiento adicional podría aumentar los riesgos. Lo urgente es documentarla en su posición actual, realizar un levantamiento fotogramétrico y tridimensional, comparar su superficie con las fotografías de 2007, 2008 y 2010, elaborar un diagnóstico de conservación y reconstruir administrativamente las circunstancias de su traslado.
Escribir para que no vuelva a desaparecer
Esta historia demuestra que un petroglifo puede desaparecer sin haberse destruido. Basta con que se rompa la cadena de información que une su pasado con su presente. Si nadie sabe dónde está, cómo llegó allí ni de dónde fue removido, continúa existiendo, sí, pero una parte de su memoria se pierde. También demuestra el valor de los archivos personales y de la comunicación entre las personas. Las fotografías tomadas durante años, la información transmitida por Fanny Barrios, las imágenes de María Inés Jiménez y Margarita González, y el conocimiento acumulado por los vecinos permitieron reconstruir una trayectoria que las instituciones no habían preservado. La memoria circuló hasta encontrar nuevamente el petroglifo.
Sin embargo, la memoria comunitaria no puede sustituir de manera permanente la responsabilidad del Estado. El rescate del SAR La Cumaquita requiere un plan mancomunado en el que participen la comunidad de Lambedero, la Universidad de Carabobo, los investigadores, el Museo Parque Arqueológico Piedra Pintada, las autoridades municipales y estadales y el Instituto del Patrimonio Cultural. Es necesario actualizar el inventario completo, verificar el paradero de todas las estaciones, evaluar su estado de conservación, establecer medidas preventivas y recuperar las propuestas comunitarias que quedaron inconclusas. La protección no debe reducirse a colocar una valla ni a realizar una visita ocasional. Debe incluir monitoreo periódico, formación de custodios comunitarios, actividades educativas, manejo de la vegetación, control del drenaje, señalización prudente y un protocolo para impedir nuevas remociones o intervenciones. También debe investigarse qué ocurrió con Piedra Las Caritas después de enero de 2011 y dejar constancia formal de su nueva ubicación y condición.
Plasmar estos acontecimientos es ya una primera acción de conservación. Se escribe para que dentro de algunos años nadie pueda decir que la piedra nunca estuvo allí, que no se conocía su importancia, que nadie advirtió el peligro o que su traslado ocurrió sin dejar preguntas. Se escribe para entregar a quienes vendrán una memoria que no dependa únicamente de quienes todavía podemos contarla.
Piedra Las Caritas volvió a tener un lugar en la historia. Ahora corresponde evitar que el SAR La Cumaquita continúe desapareciendo, roca tras roca, bajo la desidia gubernamental y social. Porque conservar no es solamente impedir que la materialidad se destruya. Es proteger los vínculos que la unen con el paisaje, con las personas y con el tiempo. El petroglifo apareció; lo que no puede volver a desaparecer es su memoria.
Referencias
Páez, L. (2010). Petroglifos de La Cumaca: Apuntes para la preservación y puesta en valor del patrimonio rupestre de la cuenca del lago de Valencia. Sociedad para el Estudio de las Manifestaciones Rupestres de Venezuela, Región Carabobo.
Páez, L. (2011). Apoyo y acompañamiento al plan de desarrollo turístico-cultural del sector Lambedero, La Cumaca [Proyecto de Aprendizaje, Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez].









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