Juszczyk y la documentación integral de la Piedra de los Indios de San Esteban (Venezuela)

El artículo de Karolina Juszczyk La 'Piedra de los Indios de San Esteban' Venezuela y un manuscrito antiguo del 'Tesoro Prusiano' perdido y reencontrado (2026) logra articular, en una misma pieza, una contribución historiográfica de primer orden y un aporte metodológico muy significativo para la documentación del arte rupestre venezolano. En términos de estado del arte regional y nacional, Juszczyk ofrece un testimonio gráfico temprano sobre Piedra de los Indios cuya lectura es indispensable para discutir la integridad del panel, los cambios del nivel del suelo y las variaciones de visibilidad de las imágenes grabadas. La autora reconstruye críticamente la cadena de producción y circulación de los primeros testimonios gráficos y fotográficos, y, a partir de una lectura comparada de fuentes, logra un registro contemporáneo que permite superar las inconsistencias acumuladas por las limitaciones de visibilidad del soporte y las arcaicas técnicas históricas de relevamiento y documentación.

Fuente: Juszczyk, 2026

Uno de los aportes más valiosos de Juszczyk es la publicación del dibujo original de Hermann Karsten (1844) sobre Piedra de los Indios, conservado como Berol. Ms. Amer. 6 en la colección Berlinka de la Biblioteca Jaguelónica (Cracovia, Polonia). La relevancia de este dibujo radica en ser el documento más antiguo hasta ahora conocido de este sitio con arte rupestre, tal cual lo advertimos en nuestra obra Etnohistoria del arte rupestre Tacarigüense... (2021). En esa oportunidad reproducimos el dibujo publicado por Karl Ferdinand Appun en su obra En los trópicos (1871), cuyo subtítulo, en la edición de 1961, reza:  "copiados fielmente por el profesor doctor Hermann Karsten" (Appun, 1961, hoja sin paginar inmediatamente anterior a la página 161). En estrecha relación con lo anterior, Juszczyk introduce una aclaratoria decisiva, aseverando que ese dibujo no es el original de Karsten —pese a lo que sugiere el subtítulo citado— sino una copia realizada por el propio Appun. La autora subraya un dato material pasado por alto: el dibujo está firmado por “Carl. F. Appun”, lo que indicaría, según Juszczyk, una autoría distinta. El entuerto parece zanjarse cuando al "sobreponer los dibujos de Karsten y Appun en un programa gráfico (AutoCAD), se nota el carácter diferente de sus trazos, lo cual confirma que los dos fueron hechos por autores distintos" (Juszczyk, 2026, p. 98). Lo publicado por Appun, entonces, sería una pieza derivada, mientras que el manuscrito de Karsten es el referente primario que permite calibrar fidelidad, omisiones y deterioros editoriales.

Dibujo de Piedra de los Indios de Hermann Karsten (1844). Fuente: Juszczyk, 2026.

El segundo aporte de Juszczyk es la obtención de un modelo tridimensional y una ortofoto de Piedra de los Indios, a partir de métodos y técnicas contemporáneas de registro. La autora explica que las condiciones físicas del soporte —gneis oscuro, con signos tenues y una superficie frecuentemente sombreada por vegetación boscosa— dificultan la captura visual directa y ayudan a entender por qué los registros históricos difieren en grado de exhaustividad. A raíz de ello, organiza un protocolo de documentación con fotografía y fotogrametría 3D, complementado con mediciones GPS, registro de la superficie en distintas horas del día y procesamiento de datos en laboratorio con herramientas como Photoshop, DStretch y Agisoft Photoscan. La ortofotografía resultante se convierte en base para un redibujo vectorial en AutoCAD, con la pretensión explícita de producir un registro lo más preciso posible. Tenemos así una ruta técno-metodológica concreta para enfrentar problemas de baja visibilidad, estandarizar capturas y generar productos comparables (modelo 3D, ortofoto, vector) aplicables en otros sitios con arte rupestre tacarigüenses.

Ortofotografía de Piedra de los Indios. Fuente: Juszczyk, 2026.

En cuanto al redibujo vectorial, es pertinente hacer algunos comentarios. Su propio carácter interpretativo abre un espacio legítimo para la crítica académica, en especial respecto a la fidelidad gráfica de ciertos diseños y a la presencia de otros que generan dudas si no se explicitan con mayor detalle los criterios de trazado, umbrales de realce, decisiones de interpolación y control de 'falsos positivos' derivados del procesamiento digital. Esta observación no disminuye el mérito del producto, pues lo ubica dentro de las exigencias actuales de trazabilidad metodológica, particularmente necesarias cuando el objetivo declarado es corregir carencias y discrepancias previas.

Dibujo de la “Piedra de los Indios” en la base del modelo 3D. Fuente: Juszczyk, 2026.

Otro de los aspectos destacables del trabajo de Juszczyk —fundamental para el trazado de una agenda de investigación en Piedra de los Indios— tiene que ver con la necesidad de intervenciones arqueológicas sistemáticas al pie del afloramiento de Piedra de los Indios. La autora reporta que, para documentar todos los signos, desenterraron la parte inferior del panel hasta 50–60 cm, y sostiene que esa exposición mostró grabados no registrados anteriormente. No obstante, al cotejar esta afirmación con el corpus ya publicado, conviene matizar el alcance de la 'novedad' en términos de antecedente bibliográfico. Y es que, en 2002, se hizo un procedimiento análogo, registrándose diseños inéditos en esa franja inferior (ver Ilustración 48 en Páez, 2021). Consecuentemente, se planteó en esa oportunidad la hipótesis de que podrían existir más representaciones enterradas y que ello solo se constataría con excavación arqueológica (Páez, 2021). El mérito de Juszczyk no sería entonces instaurar por primera vez la idea de diseños enterrados, sino reactivar esa problemática e integrarla a un registro digital y, sobre todo, reforzar —como ya señalamos— la pertinencia de una excavación sistemática y controlada que permita verificar —con estratigrafía, registro fino y criterios de conservación— la eventual existencia de diseños aún más profundos, tal como se venía presumiendo desde la discusión que planteamos en nuestra tesis de maestría en etnología de 2016.

Quien escribe aplicando técnica de calco en lámina transparente en Piedra de los Indios. Foto: Gustavo Pérez, 2002.

En suma, la intervención de Juszczyk consolida a Piedra de los Indios como un sitio de referencia para el arte rupestre de la región tacarigüense e, incluso, para toda Venezuela. Ello se fundamenta tanto por la densidad documental histórica (viajeros y naturalistas europeos, dibujos decimonónicos, fotografías y reproducciones del siglo XX) como por la amplitud de su redocumentación contemporánea. El trabajo aporta una base documental temprana puesta al día (Karsten), corrige una confusión editorial persistente (Appun como copia), propone y ejecuta un protocolo técnico replicable (foto, 3D, ortofoto y vectorización) y, a la vez, deja planteada una agenda crítica en términos de transparentar los criterios de restitución gráfica y avanzar hacia excavaciones sistemáticas que permitan decidir, con evidencia controlada, qué parte del panel permanece aún en reserva bajo la dinámica de enterramiento.

Finalmente, conviene aprovechar esta coyuntura para hacer una reflexión en torno al trasfondo que atraviesa toda esta historia y que rara vez se explicita con la crudeza que amerita. La investigación rupestre tacarigüense —extensible a todo el ámbito nacional— ha debido avanzar, durante décadas, en condiciones estructuralmente adversas, marcada por presupuestos inexistentes o intermitentes, ausencia de apoyo institucional sostenido —tanto gubernamental como académico—, carencia de equipos modernos y de capacitación técnica necesaria para operarlos, y una desidia que se expresa en la precariedad de programas, laboratorios y planes de documentación de largo aliento. En ese contexto, resulta difícil no sentir una mezcla de indignación y vergüenza observar que una investigadora extranjera, respaldada por redes institucionales, financiamiento y manejo de recursos tecnológicos, es quien termina mostrándonos con estándares robustos aquello que, por trayectoria, conocimiento territorial y compromiso patrimonial, ya deberíamos haber registrado de forma clara, completa y verificable. No se trata de desmerecer el trabajo realizado —al contrario, su valor es innegable—, sino de usarlo como espejo. El trabajo de Juszczyk revela una ínfima comunidad de investigadores locales trabajando a contracorriente, improvisando recursos y sosteniendo proyectos por pura vocación. Urge entonces un respaldo real que garantice equipamiento, formación especializada, acceso a software y protocolos de documentación, y alianzas estables. Pero, no para 'competir' por prestigio, sino para equipararnos en capacidad técnica y asegurar que el patrimonio rupestre venezolano sea investigado, documentado y protegido con la misma calidad que hoy, con demasiada frecuencia, solo parece alcanzable cuando el impulso y los medios vienen de fuera.

Referencias 

Appun, K. F. En los trópicos. Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca. Caracas. 1961.

Juszczyk, K. La “Piedra de los Indios” venezolana y un manuscrito antiguo del “Tesoro Prusiano”, perdido y reencontrado. Historia Caribe Vol. XXI No. 48 (Enero-Junio 2026): 87-118. DOI: https://doi.org/10.15648/hc.48.2026.3961.

Páez, L. Etnohistoria del arte rupestre Tacarigüense. Producción, uso y función de los petroglifos de la región del lago de Valencia, Venezuela (2450 a.C. - 2008 d.C.). Ediciones Dabànatá, Universidad de Los Andes. 


Comentarios

Entradas populares